sábado 17 de noviembre de 2007

A la Lluna de València

Hoy ha finalizado la reunión del panel de expertos de la ONU sobre el cambio climático (IPCC). Este encuentro se ha realizado durante esta semana aquí, en Valencia.

Como muestra del "compromiso" que existe frente a este problema, el jueves 15 por la noche, las luces de la Ciudad de las Artes se apagaron. Dicho apagón fue secundado por muchas otras insituciones, públicas y privadas, de toda España.

Aún así, y conociendo la gravedad de los hechos, asistimos al lamentable espectáculo político una vez más. Los políticos llenan sus bocas con palabras como "ecologismo", "cambio climático", o el ya célebre "desarrollo sostenible", la mayoría de veces, sin saber lo que realmente significan.

Algunos se sorprenderán pero, hasta el PP incluye en su programa político el "desarrollo sostenible". Ese desarrollo sostenible que conocemos muy bien los valencianos; Cullera, Oropesa, Benidorm, Calpe...la lista es larguísima.

El desarrollo sostenible no consiste en cerrar la ducha cuando te enjabonas, ni apagar las luces para que todos vean lo ecologista y ecológico que eres. Es una parte, sí, y además importante; pero no es la que les toca jugar a los políticos; las insituciones se han de comprometer realmente con este problema; mediante leyes que regulen los desfases urbanísticos que destrozan nuestros parajes costeros, mediante un saneamiento de las redes de tuberías, y no échandole la culpa a los del norte y a ZP de que el agua no llega. No seamos hipócritas señores, aprovechemos bien nuestros recursos naturales, pero sin abusar, hagámoslo con conciencia, sabiendo que si nuestro desarrollo no es sostenible, de nada sirve ser anfitrión de conferencias internacionales, ni audiencias con Ban Ki Moon.

Impulsemos las energías renovables, favorezcamos el uso del transporte público y no el privado, especialmente en las grandes ciudades; utilicemos nuevos combustibles que reduzcan las emisiones de CO2. Eso son medidas reales.

Pero bueno, este tipo de política lamentable no es nueva. Parece un guión que se repite y se adapta según la situación. Es la política del escaparate, la política de postal.

Así pues, amigos políticos, si apagan las luces, que no sea para decir que son ecologistas, porque no lo son (ojalá lo fueran). Háganlo por la Luna de Valencia, que con tanta luz y farola, queda escondida, oculta y sola.

Piensen en ello.